
- ¿¡Qué le pasó a tu cabello?!
- ¿Te rapaste? (no falta el que frente a la evidencia, todavía pregunta)
- ¿Por qué hiciste eso?
Todas esas y muchas otras preguntas de agolpaban alrededor de Maia, quien trataba por todos los medios de llegar a su lugar. Sonreía a cada una de sus compañeras como cómplice de un crimen, sin aclarar nada. Al final, fue tanta la insistencia, que pidió silencio con las manos y dijo sencillamente: Por salud. Por supuesto que tal explicación no satifizo la curiosidad de las alumnas de sexto de prepa. Maia había sido, no hacía poco, la más popular dentro y fuera de los terrenos de la escuela. Al entrar a la preparatoria, la fama que había acumulado de ser la más coqueta, atractiva, fashion, party animal, y muy "dócil" con los muchachos repicó de tal manera que no sólo en su escuela era conocida. Después de un año "maravilloso" lleno de fiestas, baile, amores y dramas, Maia desapareció. Nadie sabía de ella y muchas no preguntaron, incluso sus supuestas mejores amigas pues se sentían felices de poder ocupar la vacante que había dejado libre, pero jamás lograron llenar el espacio completamente. Maia simplemente era encantadora, exigente y reventada (no muchos cumplen esas tres características juntas). Ahora, en el último año de la preparatoria, Maia había regresado,...pero muy cambiada. No traía más maquillaje que un bálsamo de menta en los labios y su largo, ondulado y hermoso cabello castaño, como ya mencionamos, había desaparecido. Como vio que su razón no fue lo suficientemente clara, se decepcionó un poco y guardó silencio. Ni siquiera las insistentes súplicas de su "mejor amiga" Giorgia sirvieron para que Maia decidiera explicarse mejor. La profesora entró en ese momento y ella, enterada de la situación gracias a la directora, pero siendo una mujer prudente dedicada a sus asuntos, mandó que las alumnas tomaran asiento y comenzó la clase.
Transcurrieron las dos primeras semanas de clase y Maia continuaba sin dar explicaciones de su nuevo look, pero las demás transformaciones se hicieron evidentes. Cumplía con todas las tareas, donde antes ocupaban lugar en su mochila un productos M.A.C., habíanse sustituido por libros de cualquier índole y sus cuadernos de notas. Lo que continuaba ahí eran montones de dulces y envolturas que Maia se la pasaba comiendo dentro y fuera del salón de clases. No estaba prohibido comer panditas en algunas clases así que ella lo hacía con el mayor gozo mientras tomaba apuntes (¿apuntes
?). Sus amigas pronto comenzaron a hacerla un poco a un lado aunque siempre se mantenía tan amable y sonriente como antes, sólo que se comportaba "de manera extraña", ciertamente ya no era la misma. Fue entonces cuando alguien, que jamás pensó en acercarse a una muchacha como Maia, decidió hablarle por segunda ocasión en su vida (la primera había sido para prestarle un lápiz durante un examen).
En el recreo, Maia "desaparecía" durante la primera parte del recreo y después, los 10 minutos restantes los pasaba muchas veces sola caminando por el bosque del colegio. Ana, la alumna que mencionamos antes, sí sabía dónde pasaba la primera parte del recreo puesto que ella misma lo hacía también, pero no se explicaba la razón del cambio en gustos y actitud ni por qué alguien como Maia quisiera estar encerrada en un oratorio durante tanto tiempo. Un jueves, cuando iba saliendo de ahí, Ana se le acercó y la saludó. Maia le devolvió el saludo con una gran sonrisa y Ana agradeció el gesto. Casi nunca recibía sonrisas por parte del grupo "popular". Claro, ¿Maia seguía siendo popular? ("¡Qué tontería!" pensó mientras se sonrojaba un poco, "mírala, sigue siendo tan guapa como antes, obviamente sigue siendo popular, qué horrible pensamiento de mi parte desearle que ya no lo sea")
- Maia, quería preguntarte algo.
- Adelante, ¿qué pasa?
- Cuando dijiste que cortaste tu pelo por salud,...esto...sólo conozco a una persona en mi familia que lo ha hecho y fue porque tuvo cáncer. No quiero entrometerme ni nada, pero..
- Sí, fue por eso. - Maia seguía sonriendo. ¿Le estaba tomando el pelo? Ana guardó silencio no muy segura de qué contestar.
- Lo siento.
- No, ¡no lo sientas! ¡Ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida! Ya todo está bien, pero ¡vaya si fue un gran susto! - y soltó una carcajada. Ana sonrió pero muy insegura,...la manera de hablar de esto no era normal.
- Veo que estás confundida. Mira, te explico bien. Vamos a sentarnos en la banca del bosque, se ha convertido en mi lugar favorito desde que regresé, ahí puedo pensar con claridad y sentir el aire fresco, como en Canadá.
- Así que ahí estuviste todo el año pasado.
- Ven, te explico. - Se dirigieron a ese lugar que Maia conocía ya tan bien y se acomodaron. Ciertamente ese lugar tenía algo que lo volvía muy especial. Ana abrió un paquete de Kran Kis y lo compartieron mientras Maia comenzaba su relato:
"Me diagnosticaron cáncer terminando cuarto de prepa. Fue un golpe muy duro, lloré, me enojé y hasta rompí un jarrón de la sala de mi madre. Pero claro que nada de eso me iba a curar, así que mis papás tomaron las medidas necesarias e inmediatamente me mandaron con un especialista en Canadá quien me revisó y me dijo que todavía había esperanzas, sólo que tenía que comenzar con un tratamiento largo y doloroso inmediatamente. Ahí mismo me inscribieron en una escuela pequeñita cerca de Quebec y comenzó todo. Claro que el primer paso, era deshacerme de mi cabello. "De todas formas se te va a caer después de las quimioterapias" me explicó el doctor, así que compré una rapadora y lo hice yo misma,...a la Britney."
"La primera quimio fue horrible, algo que no le deseo ni a mi peor enemigo. Acabé hecha una piltrafra. Como soy joven, mi recuperación, aunque lenta, fue un poco más rápida de lo normal, aunque mi autoestima y ánimo estaban por los suelos. Fue cuando el doctor me recomendó que asistiera a un retiro mensual que ofrecía un padre católico en el mismo colegio al que asistía yo. Era la actividad más popular de la escuela y a la cual asistía más del 50% de los estudiantes, así que decidí inscribirme. Ahí todo cambió. El padre era joven, de unos treinta años más o menos, risueño y con una energía enorme que yo no entendía bien de dónde provenía. Comenzó un cambio impresionante, Ana. Mi cabello, o falta de, lejos de ser un problema, se convirtió en la razón de mi mejora. Las personas, en especial los hombres, ya no me veían como un objeto o me trataban mal. ¡Al contrario! Me veían a los ojos, con respeto y algo nuevo para mí: compasión. Yo era un héroe de guerra que había sobrevivido la peor de las batallas. Sin cabello, lo que más me gustaba de mi persona, comencé a apreciar muchísimo más mis ojos, que yo siempre había menospreciado por ser castaños. ¡Sí! No me veas así, yo sentía que eran horribles. Con ellos podía ver,... ¿sabes la maravilla que es poder ver? Conocí personas que habían perdido un brazo, que no podían caminar, ver, hablar o escuchar... ¡y yo lloraba por la falta de pelo!"
"Entendí entonces que Dios, me había quitado la venda de los ojos. Tenía todavía dos manos para expresar ternura, cariño, dar abrazos; dos piernas para caminar y visitar enfermos o simplemente ver las creaciones divinas. Mis ojos, para expresar todo el Amor que no me había permitido a mí misma anteriormente. Mi cabello reflejaba todo el egoísmo, superficialidad y soberbia que tenía. El poco respeto que yo le daba a mi cuerpo y a mi dignidad. ¿Te das cuenta? Dios me robó mi vanidad, me quitó aquello que me estorbaba y me dio vida, me devolvió mi alma."
Maia no existe, al menos no que yo sepa. Pero vive en cada uno de nosotros. Te invito a hacer una pequeña reflexión y a no darle importancia a aquello que te estorbe en tu camino para ser feliz. Vales la pena, no por los amigos que tengas, el dinero, la fama, el cuerpo, tu novio(a) guapísimo(a),...sino en la medida en la que das Amor y lo recibes; cuando eres feliz y buscas lo que te hace feliz y mejor. Perdonen la cursilería, a veces me surge. :)