Con sabor a capucchino
"El café es como un beso...una vez que lo pruebas, no puedes vivir sin él"
jueves, junio 23, 2011
Momentos...
viernes, septiembre 17, 2010
Where did you go?

jueves, agosto 19, 2010
seis de la mañana
Eran las seis de la mañana cuando falleció. Desde entonces, cada mañana, sin falta, María se despertaba sobresaltada. Ya habían pasado unos meses y todavía lo primero que hacía era voltear a ver a un lado de su cama y comprobar, una vez más, que se había ido. Todavía no se acostumbraba a dormir en una cama tan grande ella sola y seguía ocupando “su mitad” sin atreverse a ocupar el otro lado o cambiarla por una más pequeña. Su ropa, sus zapatos, las corbatas y hasta la vieja bata de baño verde botella seguían en su lugar, impregnadas con su olor. No quería deshacerse de ellas aunque verlas le oprimiera el pecho, porque sabía que lo contrario sería mucho peor, sería hacerlo desaparecer, y todavía no estaba lista.
Cualquiera pensaría que, como toda persona normal, María vivía desarreglada y en un departamento desordenado, pero no era así. Cada mañana, se bañaba, vestía, peinaba y perfumaba como sabía que a él le hubiese gustado. Mantenía la casa en un impecable orden y limpia hasta por detrás y debajo de los muebles (donde nosotros sabemos que la mayoría de las personas no limpia tan seguido). Eso sí, no usaba maquillaje porque constantemente lo hubiese arruinado con lágrimas o el roce del pañuelo al secarlas.
Se dio permiso de no trabajar, aunque perfectamente hubiera podido hacerlo (ella es de la creencia que la vida personal jamás debe mezclarse con la laboral en ningún sentido) y se dedicó a viajar por su ciudad. En uno de sus primeros viajes encontró un pequeño café y una mesita en un rincón desde donde podía observar a los transeúntes sin que ellos lo sospecharan y se dedicaba a imaginar sus vidas. Iba a exposiciones de arte y se maravillaba de las porquerías que se exponen hoy en día. Más aún, le impactaba la cantidad de personas que admiraban esas tonterías y que pagaban cantidades altísimas de dinero por tenerlas. Otro de sus descubrimientos fue el cine. Claro que había ido incontables veces anteriormente, pero desde que asistía sola, se percató de la increíble sensación que da el olvidarte de tus problemas y durante dos horas sumergirte en la vida ficticia de otro ser y compartir sus problemas. No le gustaban las películas con finales tristes, prefería las comedias románticas o de enredos amorosos; siempre salía contenta y había veces que una sonrisa lograba asomarse por la comisura de sus labios. El día que una película logró hacerla reír, no dudó en comprarla en cuando salió a la venta.
Así pasaban los meses para María. Pronto fue un año y tuvo que regresar a trabajar. Se dedicó de lleno e hizo nuevas amistades. Comenzó a salir con ellos y asistir al cine y a las exposiciones de arte acompañada, pero nunca le enseñó a nadie el café, era su secreto. Pasaron cinco años, y dejó de frecuentar el café. Había renunciado a su antiguo trabajo y se dedicaba a dar clases en una universidad; ganaba bien, donó todas las pertenencias de su difunto esposo excepto un reloj y su anillo de matrimonio y continuó con su vida. Cuando se cumplieron diez años de la muerte, algo cambió. En un arranque de locura, vendió su departamento y compró una casa con vista al mar, rescató un perro callejero, lo adoptó como propio y comenzó a pintar. Primero eran bocetos, después comenzó a tomar clases de óleo, acuarela, lápiz, lo que fuese. Pintaba en las mañanas, por las tardes e incluso se desvelaba con algunos proyectos. La gente del lugar comenzó a interesarse por su obra y en poco tiempo tuvo una exhibición. Cuando vio que la gente asistía a ver sus cuadros e incluso le ofrecían cantidades obscenas por ellos, se rió al recordar su antigua opinión de los artistas contemporáneos y sonreía. Sonreía mucho, era feliz. La herida de su corazón finalmente había sanado casi por completo, y no había necesitado otro amor para lograrlo como en las películas románticas donde siempre las protagonistas acaban con alguien. Ella era fiel al amor que había tenido y seguía teniendo dentro ese calor, ese recuerdo. Pero todavía faltaba algo. Una noche, comenzó un nuevo cuadro. Lo empezó varias veces, corregía errores, se enojaba y salía a dar un paseo por la playa con su perro para luego regresar y seguir trabajando. Trabajaba en él hasta el agotamiento y se quedaba dormida frente al gran lienzo. Una mañana, una fría mañana de octubre, se dio cuenta que estaba terminado. Miró a su perro y le preguntó: “¿cuándo te hiciste tan viejo?” No se había dado cuenta del paso del tiempo, pues rara vez uno ve los cambios en uno mismo. Hizo unas cuantas llamadas y pronto su cuadro fue exhibido en una famosa galería de arte. La gente viajaba desde los rincones más alejados del mundo para ver la obra maestra de María. Muchas ofertas se hicieron, pero ella negó todas. Pensaba donarlo a la universidad donde dio clases.
Han pasado ya treinta años desde esto y yo, alumna de la universidad, tal vez sea la única persona viva que conoce su historia. Cómo sé de ella es algo que jamás revelaré, como el pequeño café en la avenida, que continúa siendo un secreto para el resto del mundo, incluso para mí. Lo que puedo compartirles, es muy simple. Puedo decirles el título de su obra. Se llama “6am”.
Ésta es la primera vez que le diré a mis lectores que, con todo el respeto que les tengo, si el texto anterior no les gusta, les parece muy largo o extraordinariamente cursi,...francamente no me importa. :) No fue hecho para ustedes, sino para mí. Al que le sirva de algo, provecho. Al que no,...haga algo productivo con su tiempo!