miércoles, diciembre 30, 2009

2010...

Este año le daré una oportunidad a Amor. Ya me cansé de estar peleada con él.

Sí, como lo oyes, puedes venir y tocar en mi puerta y con gusto te abriré. Probablemente hablaremos las cosas y volveremos a ser buenos amigos.

Quiero negociar ciertas cosas contigo. No puedes seguir mintiendo; no es de amigos. La confianza es básica en una amistad, así que ya estuvo suave de que me digas una cosa cuando la realidad es otra, ¿OK? Tampoco puedes estar tratando de meterte en mi cabeza. Si te dejo vivir dentro de mí es porque tienes un lugar y tu lugar está en el segundo piso en la habitación del lado derecho. No puedes estar subiendo al tercer piso, revolver las cosas y luego estar tan campante sin recoger el tiradero. Sabes que mi cerebro se confunde muchísimo y se enoja y llora porque no encuentra nada en su lugar y todo está hecho un caos.

Puedes asomarte cuantas veces quieras por los ojos, al fin y al cabo son la ventana al mundo,...peeeero ¡no puedes abrir la ventana a cualquier extraño para que entre y se robe lo poco que tengo! Aceptémoslo, Amor, eres súper ingenuo y siempre te dejas embaucar. La próxima vez consúltalo conmigo antes de que te engañen o timen, ¿estás de acuerdo? ¿Cómo saber que algo vale la pena? ¡Sencillo! Cuando te ofrezcan lo justo a cambio.

Amor, he decidido hacer las paces contigo. Si aceptas los términos puestos arriba, eres más que bienvenido conmigo,...porque te extraño y mucho. Juntos podemos lograr grandes cosas, lo sé, pero sí necesito de ti y tú de mí, porque uno sin el otro está vacío o incompleto. Sin ti no me salen las cosas, ando de malas todo el día y tu espacio se va llenando de cosas viejas e inservibles y luego es imposible meter nada bueno ahí. Me gustó escuchar que estás dispuesto a regresar conmigo, me hizo el día. Y, como ya Le dije, prometo tenerte mucha paciencia, ayudarte a buscar bien y no dejarte todo el trabajo a ti. Somos un equipo tú y yo,...el mejor que hay.

miércoles, septiembre 30, 2009

Centrofóbica...


"Dios es alfarero. Nosotros somos las vasijas de arcilla que Él modela. Hizo cada una distinta, para un fin particular. El Creador sabía qué forma darle a cada parte y el punto exacto dónde colocar cada asa y cada pitorro. Sabía qué partes debían ser compactas y resistentes." 
- Abi May, revista Conéctate, agosto 2009.


Sufro de pánico a ser el centro de atención;...bueno, no pánico - aunque un amigo que me ha visto caminar (si se le puede llamar así) por un escenario vacío diría lo contrario - simplemente me desagrada,...no es lo mío. Hoy, mientras me veía en una situación similar (¿o era la misma que la vez pasada?...déja vú) reflexioné acerca de este "miedo". 

¿Por qué no habría de querer ser el centro de atención? Mientras veía una fila de sillas vacías, recordé que he actuado en dos obras de teatro (sin mencionar las incontables pastorelas familiares), participé en algunos concursos de oratoria... speech contests (eran en inglés) y en alguno quedé en segundo o tercer lugar, no recuerdo bien (tengo por ahí un compendio de las obras de las hermanas Brontë en inglés que podría decir con más precisión el resultado)...y de pequeña disfrutaba muchísimo actuar, cantar, bailar, cualquier actividad que representara público. ¿Por qué ahora no?

Pensé que tal vez, mi miedo era al ridículo...rápidamente lo descarté - ¿honestamente? estoy vacunada en contra del miedo al ridículo -. Otra posible opción sería que tengo miedo a ser juzgada en la misma medida en la que yo lo hago. Y no sería raro, hace poco una amiga me comentó que tal vez yo juzgo fuertemente a las personas. Pero, (y aquí también aprovecho para aclarar ese punto con mi amiga, si es que llega alguna vez a leer esto) no juzgo tan severamente como se podría creer. Admiro fácilmente cualidades que la misma persona (quizá) no toma en cuenta de sí mismo, trato de encontrar puntos en común con las personas - ¡en serio! incluso he llegado a entablar amistad con personas por el simple hecho de que les gusta comprar calcetines de diferentes colores, o porque me enseñaron una frase en latín/griego, o porque al ir en un camión opinamos que los punks eran personas que necesitaban llamar la atención (ah, ¡qué recuerdos!)-. En fin, negarme a tratar personas no es una de mis cualidades (sí, es una cualidad, tener filtros y ser selectivo saber exactamente qué se quiere), y dejar de llevarme con alguien muchísimo menos. Hay ejemplares que lo han conseguido (¡pero vaya que les costó trabajo!) y cuando tomo la decisión de sacar a alguien de mi vida, es casi seguro que lo consiga y lo mantenga por años (con una linda y clara excepción, pero ésa es otra historia). Entonces, ¿cuál es mi miedo?

Y la única conclusión a la que llegué, es que prefiero ser observadora. Soy una observadora de las personas. Su manera de vestir, moverse, actuar, sonreír, mirar (¡qué importante es la mirada!), hablar, etc. ¿Yo poseo algo digno de ser observado?...supongo, es más, ¡seguro sí! Pero prefiero que sea descubierto a yo enseñarlo, ¡sí! he dado en el clavo. Mi papel es tras bambalinas,...claro, cualquiera lo suficientemente aventurado como para ir detrás del telón se enterará de mi trabajo, de lo que hago y de lo increíble que es una producción por detrás del escenario (sí, me estoy echando flores,... ¿y?), pero no cualquiera lo hace. Muchos prefieren quedarse con lo que está adelante o "pierde la magia" ¡y está bien!,...pero es mi manera de ver las cosas. 

Ahora,...soy una persona de retos y aventuras, así que...he creado un firme propósito. De vez en cuando, saldré de detrás del telón y enseñaré lo hermoso que es el mundo tras bambalinas. Así, quizá, más gente se anime a descubrirlo.

Poético, ¿no?

Ah, ¿la frase de arriba? Ya saben que yo no doy paso sin huarache. Es de un artículo increíble que leí en una revista que llegó a mis manos por cuestiones de azar. Tal vez debería transcribirlo...seguro. El chiste es que me hizo reflexionar acerca de mi papel dentro de "la vajilla divina".

¿Cuál es tu papel? ¿Posees cualidades de taza y quieres ser plato o decides aprovechar tu potencial al máximo?

martes, agosto 11, 2009

me robó mi vanidad, me devolvió la vida


- ¿¡Qué le pasó a tu cabello?!
- ¿Te rapaste? (no falta el que frente a la evidencia, todavía pregunta)
- ¿Por qué hiciste eso?

Todas esas y muchas otras preguntas de agolpaban alrededor de Maia, quien trataba por todos los medios de llegar a su lugar. Sonreía a cada una de sus compañeras como cómplice de un crimen, sin aclarar nada. Al final, fue tanta la insistencia, que pidió silencio con las manos y dijo sencillamente: Por salud. Por supuesto que tal explicación no satifizo la curiosidad de las alumnas de sexto de prepa. Maia había sido, no hacía poco, la más popular dentro y fuera de los terrenos de la escuela. Al entrar a la preparatoria, la fama que había acumulado de ser la más coqueta, atractiva, fashion, party animal, y muy "dócil" con los muchachos repicó de tal manera que no sólo en su escuela era conocida. Después de un año "maravilloso" lleno de fiestas, baile, amores y dramas, Maia desapareció. Nadie sabía de ella y muchas no preguntaron, incluso sus supuestas mejores amigas pues se sentían felices de poder ocupar la vacante que había dejado libre, pero jamás lograron llenar el espacio completamente. Maia simplemente era encantadora, exigente y reventada (no muchos cumplen esas tres características juntas). Ahora, en el último año de la preparatoria, Maia había regresado,...pero muy cambiada. No traía más maquillaje que un bálsamo de menta en los labios y su largo, ondulado y hermoso cabello castaño, como ya mencionamos, había desaparecido. Como vio que su razón no fue lo suficientemente clara, se decepcionó un poco y guardó silencio. Ni siquiera las insistentes súplicas de su "mejor amiga" Giorgia sirvieron para que Maia decidiera explicarse mejor. La profesora entró en ese momento y ella, enterada de la situación gracias a la directora, pero siendo una mujer prudente dedicada a sus asuntos, mandó que las alumnas tomaran asiento y comenzó la clase.

Transcurrieron las dos primeras semanas de clase y Maia continuaba sin dar explicaciones de su nuevo look, pero las demás transformaciones se hicieron evidentes. Cumplía con todas las tareas, donde antes ocupaban lugar en su mochila un productos M.A.C., habíanse sustituido por libros de cualquier índole y sus cuadernos de notas. Lo que continuaba ahí eran montones de dulces y envolturas que Maia se la pasaba comiendo dentro y fuera del salón de clases. No estaba prohibido comer panditas en algunas clases así que ella lo hacía con el mayor gozo mientras tomaba apuntes (¿apuntes?). Sus amigas pronto comenzaron a hacerla un poco a un lado aunque siempre se mantenía tan amable y sonriente como antes, sólo que se comportaba "de manera extraña", ciertamente ya no era la misma. Fue entonces cuando alguien, que jamás pensó en acercarse a una muchacha como Maia, decidió hablarle por segunda ocasión en su vida (la primera había sido para prestarle un lápiz durante un examen).

En el recreo, Maia "desaparecía" durante la primera parte del recreo y después, los 10 minutos restantes los pasaba muchas veces sola caminando por el bosque del colegio. Ana, la alumna que mencionamos antes, sí sabía dónde pasaba la primera parte del recreo puesto que ella misma lo hacía también, pero no se explicaba la razón del cambio en gustos y actitud ni por qué alguien como Maia quisiera estar encerrada en un oratorio durante tanto tiempo. Un jueves, cuando iba saliendo de ahí, Ana se le acercó y la saludó. Maia le devolvió el saludo con una gran sonrisa y Ana agradeció el gesto. Casi nunca recibía sonrisas por parte del grupo "popular". Claro, ¿Maia seguía siendo popular? ("¡Qué tontería!" pensó mientras se sonrojaba un poco, "mírala, sigue siendo tan guapa como antes, obviamente sigue siendo popular, qué horrible pensamiento de mi parte desearle que ya no lo sea")

- Maia, quería preguntarte algo.
- Adelante, ¿qué pasa?
- Cuando dijiste que cortaste tu pelo por salud,...esto...sólo conozco a una persona en mi familia que lo ha hecho y fue porque tuvo cáncer. No quiero entrometerme ni nada, pero..
- Sí, fue por eso. - Maia seguía sonriendo. ¿Le estaba tomando el pelo? Ana guardó silencio no muy segura de qué contestar.
- Lo siento.
- No, ¡no lo sientas! ¡Ha sido lo mejor que me ha pasado en mi vida! Ya todo está bien, pero ¡vaya si fue un gran susto! - y soltó una carcajada. Ana sonrió pero muy insegura,...la manera de hablar de esto no era normal.
- Veo que estás confundida. Mira, te explico bien. Vamos a sentarnos en la banca del bosque, se ha convertido en mi lugar favorito desde que regresé, ahí puedo pensar con claridad y sentir el aire fresco, como en Canadá.
- Así que ahí estuviste todo el año pasado.
- Ven, te explico. - Se dirigieron a ese lugar que Maia conocía ya tan bien y se acomodaron. Ciertamente ese lugar tenía algo que lo volvía muy especial. Ana abrió un paquete de Kran Kis y lo compartieron mientras Maia comenzaba su relato:

"Me diagnosticaron cáncer terminando cuarto de prepa. Fue un golpe muy duro, lloré, me enojé y hasta rompí un jarrón de la sala de mi madre. Pero claro que nada de eso me iba a curar, así que mis papás tomaron las medidas necesarias e inmediatamente me mandaron con un especialista en Canadá quien me revisó y me dijo que todavía había esperanzas, sólo que tenía que comenzar con un tratamiento largo y doloroso inmediatamente. Ahí mismo me inscribieron en una escuela pequeñita cerca de Quebec y comenzó todo. Claro que el primer paso, era deshacerme de mi cabello. "De todas formas se te va a caer después de las quimioterapias" me explicó el doctor, así que compré una rapadora y lo hice yo misma,...a la Britney."

"La primera quimio fue horrible, algo que no le deseo ni a mi peor enemigo. Acabé hecha una piltrafra. Como soy joven, mi recuperación, aunque lenta, fue un poco más rápida de lo normal, aunque mi autoestima y ánimo estaban por los suelos. Fue cuando el doctor me recomendó que asistiera a un retiro mensual que ofrecía un padre católico en el mismo colegio al que asistía yo. Era la actividad más popular de la escuela y a la cual asistía más del 50% de los estudiantes, así que decidí inscribirme. Ahí todo cambió. El padre era joven, de unos treinta años más o menos, risueño y con una energía enorme que yo no entendía bien de dónde provenía. Comenzó un cambio impresionante, Ana. Mi cabello, o falta de, lejos de ser un problema, se convirtió en la razón de mi mejora. Las personas, en especial los hombres, ya no me veían como un objeto o me trataban mal. ¡Al contrario! Me veían a los ojos, con respeto y algo nuevo para mí: compasión. Yo era un héroe de guerra que había sobrevivido la peor de las batallas. Sin cabello, lo que más me gustaba de mi persona, comencé a apreciar muchísimo más mis ojos, que yo siempre había menospreciado por ser castaños. ¡Sí! No me veas así, yo sentía que eran horribles. Con ellos podía ver,... ¿sabes la maravilla que es poder ver? Conocí personas que habían perdido un brazo, que no podían caminar, ver, hablar o escuchar... ¡y yo lloraba por la falta de pelo!"

"Entendí entonces que Dios, me había quitado la venda de los ojos. Tenía todavía dos manos para expresar ternura, cariño, dar abrazos; dos piernas para caminar y visitar enfermos o simplemente ver las creaciones divinas. Mis ojos, para expresar todo el Amor que no me había permitido a mí misma anteriormente. Mi cabello reflejaba todo el egoísmo, superficialidad y soberbia que tenía. El poco respeto que yo le daba a mi cuerpo y a mi dignidad. ¿Te das cuenta? Dios me robó mi vanidad, me quitó aquello que me estorbaba y me dio vida, me devolvió mi alma."

Maia no existe, al menos no que yo sepa. Pero vive en cada uno de nosotros. Te invito a hacer una pequeña reflexión y a no darle importancia a aquello que te estorbe en tu camino para ser feliz. Vales la pena, no por los amigos que tengas, el dinero, la fama, el cuerpo, tu novio(a) guapísimo(a),...sino en la medida en la que das Amor y lo recibes; cuando eres feliz y buscas lo que te hace feliz y mejor. Perdonen la cursilería, a veces me surge. :)